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Los rincones de Javier Cristóbal
Nuestro colaborador Luis Muñoz Díez habla con el poeta Javier Cristóbal
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Nuestro colaborador Luis Muñoz Díez habla con el poeta Javier Cristóbal de su gusto por el cine, la buena mesa y la noche canalla madrileña
El poeta Javier Cristóbal es un hombre joven sin edad. Nació en Madrid y paseó su infancia por Argüelles, un barrio madrileño que roza con Chamberí por un lado, y por el otro con el magnífico Parque del Oeste. Estudió filosofía y psicología en la Universidad Autónoma. Durante mucho tiempo se ha dedicado a trabajar con menores infractores y conflictivos en distintos Centros de Internamiento de la Comunidad. Ha tenido que lidiar casi a diario con situaciones de violencia y agresividad verbal. Desde hace dos años se dedica a la enseñanza, para formar a aquellos que habrían de tomarle el relevo como educadores e integradores sociales, en la batalla diaria con los chicos delincuentes que nadie quiere ver pero están ahí. El trabajo de estos educadores es un trabajo de compromiso y desgaste para procurar en lo posible que el futuro de estos jóvenes, casi niños, se pinte de colores mas relajados.
Javier Cristóbal, siempre ha tenido a mano un cuaderno donde apuntar notas e inquietudes, que poco a poco, han tomado forma en Genealogía de lo Imposible, título bajo el que se agrupan una suerte de textos y poemas, por los que ha apostado fuerte la prestigiosa editorial Vitruvio; y ahora está en la mesa de novedades de las librerías y el joven poeta está consiguiendo- boca oído- un prestigio, que coincide en señalarlo como un feliz hallazgo para la poesía española.
Javier Cristóbal, está contento con la marcha del libro y buena acogida, tanto por parte de la crítica como por la buena marcha de las ventas, y se le nota. Hoy me siento con el poeta, para que nos hable de sus gustos a la hora de salir a pasar un rato agradable y le propongo:
Javier me gustaría que propusieras a los lectores de Travelarte, un plan para disfrutar de Madrid.
Para cenar me parece un plan fantástico dejarse caer por el restaurante Donzoko, en la calle Echegaray, después de haber visto una película de Kenji Mizoguchi en la Filmoteca. Sushi y sashimi de la mejor calidad, y a un precio de lo más razonable, paladeando todavía en la retina la belleza quemada del cine japonés. No olvidar finalizar con un delicioso helado de té verde.
Veo que eres un clásico, amante de las tres ces: Cine, Cena Copa. Ahora que ya hemos cubierto las dos primeras ¿donde nos sugieres que tomamos la copa o las copas?
Para las copas lo mejor es acercarse a la zona trasera de la Gran Vía. Es uno de los pocos lugares en lo que aún se respira un ambiente canalla y donde podemos encontrarnos con deliciosas aves nocturnas. Y uno de sus sitios preferidos para refrescarse las alas con alcohol sin adulterar es el club Demodé, en la calle Ballesta. Decoración retro, música electrónica elegante y fiera servida en vinilo, y grandes cantidades de nocturnidad y alevosía. Lo único malo es que ya no se puede fumar, pero me temo que semejante inconveniente no es exclusivo del Demodé. En fin, hay que darse prisa antes de que el ayuntamiento acabe de convertir la zona en un parque temático de la moda, aséptico y para todas las edades, para libar licores de sombra en uno de los últimos lugares verdaderamente noctámbulos que sobreviven en la capital.
Veo que te decantas por el lado canalla y ahí te sale el lado oscuro de poeta y eso suele tener un precio que se llama: resaca.
O guayabo, como dicen los colombianos. Lo mejor, ya se sabe, es una cerveza y ambiente tranquilo. Recomiendo pasarse por la Plaza de las Comendadoras, en plena zona de San Bernardo. Cañas bien tiradas, aire libre en el que poder depositar el humo que expelemos de los pulmones sin arriesgarnos a multas millonarias, y fachadas del Madrid antiguo que parecen sonreírnos desde la pequeña villa manchega que era nuestra metrópolis actual.
Es curiosa e interesante la propuesta del joven poeta que alterna el gimnasio con la noche, el cine con la copa. Estas ha sido sus recomendación para disfrutar la noche madrileña –Filmoteca, Donzoko, Demodé y Café Moderno en Comendadoras- Mi recomendación es que lean Genealogía de lo imposible un libro de claro oscuros, hondo pero no difícil e infinitamente bello. En que el autor ha sabido aunar conocimientos dispares. Agitándolos en una coctelera con zumos dulces, fuertes aguardientes y coloridas mixturas. Es fruto de un bagaje vital de variado origen, por un lado procede de mundo académico por sus estudios de sicología y filosofía, con una dulce infancia de niño de Arguelles que agarrado de la mano de su madre caminaba por sus aceras camino del colegio Decroly, por otro su inquietud le ha llevado a conocer otras experiencias. Conviviendo con la otra cara de la moneda de una sociedad menos confortable y desazonadora, que no se quiere ver pero que existe.
No se puede decir de Javier Cristóbal que haya sido como el príncipe que todo lo aprendió en los libros. Pero lo digno de destacar es que estas duras experiencias lo han hecho más sabio, fructificando en su obra Genealogía de lo imposible, y a la vez conservando una mirada de niño curioso que le permite disfrutar de todos los placeres que nos brinda la vida. Por esa razón debía de formar parte de nuestra galería.
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